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martes, 31 de marzo de 2015

Transformar el sufrimiento en alegría


Hoy que estamos en la Semana Santa me viene a la memoria el caso de un paciente que llamaremos Guillermo.

Hace unos años apareció de repente en nuestra consulta, acompañado de un amigo suyo al que le había pedido ayuda, en un estado físico y psicológico que no pude sino calificar de “lamentable”. Ël siempre recuerda que fue esa una de las primeras cosas que le dije, y que le sirvieron para iniciar su proceso terapéutico.

Guillermo llevaba varios días fuera de su casa, había dejado su trabajo - a pesar de ser el gerente de su propia empresa - había cortado todo contacto con su familia y con el mundo entero, y se había dedicado a beber y a automedicarse con todo tipo de ansiolíticos.

Había perdido la noción del tiempo y no recordaba ni cuánto tiempo había pasado fuera de su casa, en una finca en el campo de su propiedad, ni prácticamente nada de lo que había hecho durante su “desaparición”.

Nos pidió ayuda urgente y tuvo la enorme suerte de que el día que se puso en contacto con nosotros daba comienzo un Programa Victoria, y aunque no suelo admitir personas sin previamente pasar un período de preparación, acepté que entrara en el grupo porque vi un estado de necesidad que no podía demorar su tratamiento.
 En los primeros días de los diez que dura la terapia, Guillermo vivió lo que él mismo llamó la “Semana de Pasión”. Poco a poco fue tomando conciencia de lo que había hecho, de la gravedad de su “abandono del mundo”. Empezó a asustarse por lo que se le podía venir encima - ¿qué hará mi mujer conmigo cuando salga de aquí? - ¿cómo voy a dar la cara en mi negocio?, etc.
Pero pasados unos días, el efecto terapéutico del Programa Victoria empezó a actuar y Guillermo empezó a sentirse mejor. Física y emocionalmente.

La segunda parte del Programa él la llamó la “Semana de Gloria”. Es cuando empezó a recuperar la esperanza, la ilusión de vivir, la confianza en si mismo y el deseo de superar sus adicciones y sus miedos de una vez por todas.

Cuando salíó del tratamiento y volvió a su casa se llevó la gran sorpresa de ser acogido con cariño por su esposa e hijos. A pesar de todo, el amor había sobrevivido. En su trabajo, a pesar de haber perdido importantes clientes y oportunidades, fue capaz de remontar la situación. En el fondo es una persona extremadamente inteligente y trabajadora, y cuando no bebe tiene un rendimiento fuera de lo normal.

El tremendo sufrimiento que vivió Guillermo cuando estaba atrapado en la red de su adicción, y el que causó a su alrededor, terminó transformándose en una inmensa alegría para él mismo y para su familia. Cierto que es siempre quedan “facturas pendientes”, daños de difícil reparación que afectan al bienestar personal, pero que pueden ser también motivos positivos para continuar en abstinencia de alcohol y de otras drogas y seguir con una terapia de seguimiento para completar y consolidar los cambios.

Años después, Guillermo ha seguido agradeciédome aquella oportunidad que le di al admitirle en el Programa Victoria. Y yo le agradezco a él que haya sido durante tantos años un ejemplo vivo de cómo se puede transformar el sufrimiento en alegría.

Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico


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