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jueves, 13 de marzo de 2014

Daños colaterales

Hace unos días me llamó una niña de catorce años preocpuada por su padre. Me contó que había estado leyendo varias páginas en internet, incluyendo la nuestra, y que se había dado cuenta de que su padre presentaba casi todos los síntomas que describimos en ellas como indicadores de que una persona pueda tener problemas con el alcohol.

Sus padres se separaron antes de que ella naciera, y ha tenido muy poca relación con su padre, pero a pesar de ello se siente en la obligación de ayudarle, aunque no sabe cómo.

Después de un rato de conversación y de hacerme unas cuantas preguntas, me dijo - ¿entonces no es culpa mía?

La pobre criatura había llegado a pensar que era ella la culpable de que su padre bebiera, de que la hubiera dejado antes de nacer y, en definitiva, de no sentirse querida por él.

Cuántas veces oigo a mis pacientes decirme "no, mis hijos son pequeños y no se han dado cuenta de nada". Y casi siempre es una nueva versión del autoengaño en el que viven los adictos. Como resultaría demasiado doloroso pensar que estamos haciendo daño a nuestros propios hijos, es mejor que creamos que no se han enterado de nada, porque nunca nos han visto en estado de embriaguez. 

¡Como si no fuera diferente una persona que tiene problemas con el alcohol los días que ha bebido de los días que no lo ha hecho.!

Los niños son daños colaterales que sufren las consecuencias de la adicción de los demás. No son los únicos, también los cónyuges, los padres, hermanos, e incluso amigos y compañeros de trabajo o de diversión pueden serlo también.

Espero que esta niña sea capaz de tocar el corazón de su padre y le ayude a inciar un cambio que le lleve a superar su adicción. Por el bien de ambos, y de muchos más.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

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