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jueves, 9 de mayo de 2013

El alcohol y las penas del alma



La sabiduría popular ha acuñado refranes y dichos como por ejemplo que beber "alivia las penas", y es cierto que el dolor de alma es muchas veces un desencadenante de consumo de alcohol, incluso en personas no habituadas a un beber social.

Cuando uno sufre de un profundo malestar emocional, un estado de ansiedad, o una gran tristeza, es cierto que puede encontrar un cierto alivio bebiendo alcohol. Lo malo es que, como todo lo aparentemente bueno que ofrece la bebida, al cabo de un tiempo el alivio desaparece y por una especie de efecto péndulo, la persona se siente aún peor.

Si este círculo vicioso se repite muchas veces la persona puede quedar totalmente atrapada en él, aumentar su estado de ansiedad o depresión, y beber cada vez más para intentar compensalo, sin nunca conseguirlo del todo.

Es como el náufrago que bebe agua del mar para calmar la sed. Al cabo de un rato la sed es aún mayor y la situación empeora inexorablemente.

Muchas veces la persona acude al médico, le cuenta sus problemas de ansiedad o sus síntomas depresivos, pero omite el asunto del alcohol. Como consecuencia de ello, puede que el médico le prescriba ciertos fármacos que serían muy apropiados en una persona que no beba, pero que con el alcohol alteran totalmente sus efectos haciéndolos muy perjudiciales en muchos casos.

En conclusión, si tienes penas del alma, busca ayuda en un buen amigo, o en un buen psicólogo, pero no caigas en la trampa de amortiguar el dolor con el alcohol, porque las penas siempre salen a flote y cada vez con más fuerza, añadiendo además el problema de la adicción a los que ya pudieras tener anteriormente.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

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